Monthly Archives: November 2009

LES DEMOISELLES D´AVINYÓ

He encontrado este artículo en un borrador dentro de mi menu de administrador, no sé cual habrá sido el problema pero en realidad fue publicado en noviembre de 2008. Lo republico dada su importancia simbólica.

Cuando creamos Tritiopublicidad se comenzó a gestar el logo que nos identificaría.

Vicente me recomendó que realizara la abstracción de un astrolabio para transmitir valores de estrategia y planificación. Un astrolabio era un instrumento que permitía ver las posiciones de los astros en el universo.

Existen dos tipos, el astrolabio propiamente dicho, y el astrolabio esférico o, tambien llamado, esfera armilar. El astrolabio convencional no es muy interesante estéticamente, en cambio, el astrolabio esférico, con sus anillos concéntricos, tiene cierto misticismo.

Finalmente, me decanté por sintetizar la esfera armilar y…dibujando…me percaté de su semejanza al cubismo de Picasso. Fue entonces cuando me acordé de “Las señoritas de Avignon” y combiné colores del histórico cuadro e introduje un ojo en su interior.

La esfera armilar es una herramienta que requiere enorme precisión en su construcción y conocimientos elevados en su manejo; y el cuadro de Picasso nos transmite los valores de arte y de creatividad. Así pues los valores de Tritiopublicidad quedan fusionados en un logotipo llamativo por forma y por colores. ESTRATEGIA, PRECISIÓN, ARTE Y CREATIVIDAD.

Un saludo. Diego.

Imagen: cienciayagua, pezera

EL ENGAÑO DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA

Los inicios de la Responsabilidad Social Corporativa (R.S.C.) se sitúan en la década de los setenta, pero su mayor expansión aconteció a finales del siglo XX. El Pacto Global de la ONU es el organismo internacional que regula sus principales directrices.

 La aplicación de la RSC atañe a ámbitos importantísimos de la empresa como son la gestión ambiental, la relación con el entorno social y algunos aspectos económicos.

Sobre el papel, las grandes multinacionales de sectores polémicos como la energía nuclear, la industria petroquímica o las constructoras llevan muchos años desarrollando mejores sistemas de gestión para sus recursos humanos y para minimizar los efectos perniciosos en el medio ambiente. La realidad es diferente.

 En teoría, habría que destacar que el Protocolo de Kyoto ha afectado a la producción de las grandes industrias. En la práctica, este gran “compromiso” es una manera más de promocionar la imbecilidad humana hacía el universo exterior.

Según lo acordado, cada país tiene un límite de contaminación; para evitar disputas, se dividió el pastel de emisiones según variables económicas. Los países desarrollados pensaron…si yo puedo contaminar 5x y esa nación de indígenas contamina 0,5x, yo le compro a ellos el 1,5x restante de su parte. Lógico. Otros como EE.UU., que se liquida el 25% de la producción mundial de combustible fósil, se han meado en el Protocolo y se han borrado después de una entrada simbólica, alegando que China e India contaminan sin ningún control amparándose en su condición de países en desarrollo.

 Somos una verdadera plaga, y con este tipo de actos estamos pidiendo a gritos que el planeta se jubile ya.

 Pero mientras esperamos nuestra sentencia, hay que aprovechar el momento, Carpe Diem, hay que sacar tajada y para ello son necesarios billetes y posibilidades de ocio y negocio. Las empresas están asimilando la fea costumbre de respetar las malas maneras de la competencia para evitar un ataque recíproco que saque a la luz sus propios lodos. Algunos sectores respetan el maltrato al trabajador, otros el maltrato al ecosistema, otros el maltrato a la sociedad. Es un respeto pactado para sacar el mayor beneficio posible.

 Como todos estos datos oscuros no salen a la luz, todas las grandes corporaciones aplican la RSC a la perfección a ojos de la sociedad. El problema viene cuando una catástrofe de gran magnitud no puede ser escondida de los omnipresentes medios de comunicación. Un gran ejemplo fue la catástrofe del Exxon Valdez, un petrolero que tiñó Alaska de carburante y de lágrimas de los esquimales. Una situación sin precedentes que llevó a la empresa a la peor crisis de imagen de toda su historia.

Muchas organizaciones están jugando con fuego, simulando aplicar la sostenibilidad y la responsabilidad social en su día a día, pero cuando llegue el momento de la zozobra se encontrarán indefensos ante una sociedad muy concienciada y no ante aquella caterva de 1989 que creía que el ecologismo era una cosa de locos.

 Diego Celma Herrando

Imagen: aire21